¿Por qué bordamos punto de cruz?

En el día mundial del Punto de Cruz 2026: Una simple reflexión de bordadora.

by Geny

Hola! ¿Cómo están mis Quilters y Stitchers de mesa de comedor? ¿Sabían que hoy es el Día Mundial del Punto de Cruz? Así que para celebrarlo me hice una simple pregunta: ¿Por qué bordamos Punto de Cruz ?

A veces, ni yo misma me lo explico.

Quizás sea el sonido de la aguja, cargada en su ojo con hilo de algodón, atravesando la tela tensa en un bastidor. Hay algo en ese pequeño gesto que lo romantiza todo.

La aguja pasa una vez, luego otra. La respiración se calma y la mente queda en blanco. Por un momento sólo existen la tela, el hilo y el ritmo acompasado de las puntadas.

Y entonces, poco a poco, los pensamientos vuelven.

Aparecen ideas sobre lo que tengo que hacer, recuerdos o simplemente aquello que logra subirme el ánimo. No me siento a bordar buscando respuestas. Primero llega ese silencio y después los pensamientos comienzan a encontrar su propio camino.

La reflexión, hecha cruz a cruz, color por color.

Cada pensamiento comienza a llegar a la superficie y parece que mi cerebro comenzara a buscar consejo, consuelo o ideas nuevas en lo más profundo de mi alma.

Avance de un bordado de punto cruz con un castor sobre el bastidor, mostrando el progreso del diseño durante mi rotación de bordados de invierno.

Otro bordado en que el color café decidió perseguirme. Pero este castorcito es tan amoroso que lo dejaremos pasar.

Cada vez que pienso en por qué hago punto de cruz, la respuesta se enriquece con una reflexión nueva. Serena la mente, hace florecer el dominio de mí misma, con lentitud acompasada de color, agujas y respiración.

Y así como los hilos, la vida va pasando con distintos colores, formando distintas figuras y descubriendo nuevos sentimientos en mí.

No quiero ir esta vez a cada hilo, cada tela o cada aguja de forma técnica. Quiero hablar de esa reclusión personal —o incluso grupal— que significa sentir la aguja pasar, formando símbolos, dibujos, paisajes o cualquier motivo que el alma pida.

Y muchas veces mi niña interior mira entusiasmada cómo aparece un nuevo amigo. Como pasó con mi castor, que mientras bordaba le hablaba y le contaba qué parte de su cuerpecito iba apareciendo puntada a puntada.

Aprender a Volver

Porque no todo es calma.

Cada vez que avanzo parece que retrocedo. Das un paso y te equivocas en tres.

Así es también el bordado en punto de cruz.

El verdadero miedo de una bordadora no es quedarse sin bobina o sin hilo. Es mucho peor: contar mal.

Contar mal y descubrir, quizás varios días después, que hay que descoser.

La frustración no es nuestra amiga al bordar, pero sí pueden serlo la pausa y la rotación.

Alejarme durante un tiempo de un bordado que me está haciendo perder la paciencia, trabajar en otro y regresar después me permite mirar nuevamente el problema con otros ojos. Porque esos problemas no tienen por qué quedarse allí para siempre. También hace falta crecer como bordadora y como persona.

dragon rojo y morado junto a hilos dmc en fondo de tela aida rusitica con color dorado

Se necesita un mejor manejo de la frustración y del error. A veces necesitamos ver otros bordados y luego regresar con una mirada distinta, tomar el problema y solucionarlo.

Quizá absorberlo sumando y restando, quizá empezando de nuevo en una nueva tela o… descosiendo y rearmando esa parte complicada de nuevo como una cicatriz invisible en el bordado, y en la vida muchas veces plenamente visible en tu alma.

No todos los errores necesitan la misma solución.

También eso es crecer como bordadora: aprender a equivocarse, detenerse y volver.

Se avanza, pero se dejan puntadas y pequeñas pelusas de hilo en el camino, como si fuésemos Hansel y Gretel para saber qué funciona y qué no.

Mientras la vida va pasando

Al ser una bordadora estacional muchas veces me dejo guiar por la vida misma y el tiempo, que nunca cambia y pasa implacable por cada una de nosotras: otoño, invierno, primavera y verano.

Cada paleta de color celebra un momento del año, un acontecimiento memorable o una celebración a disfrutar.

Y en algún rinconcito de mi casa, un pedacito de mí sacado de hilo y tela observa la vida pasar.

Eso es un bordado de punto de cruz.

Pedazos de alma, manifestados con energía manual y plasmados en tela por ti misma, que pueden trascender o no en el tiempo, sin que tú misma puedas saber su destino luego de ti.

Quizás por eso el bordado terminado tiene una sensación inexplicable para mí.

No significa solamente que estoy lista para comenzar otro. En él quedó guardado el momento histórico en que fue creado: todo lo que ocurrió mientras cobraba vida, tanto en el mundo como en mi propio mundo.

Tambor de punto de cruz en 3d

Así se ve el tambor terminado.

Dejarlo enmarcado muchas veces parece ser lo que corresponde, pero un bordado puede ser mucho más que un cuadro. Puede acompañarnos de muchas maneras. Puede convertirse en un pequeño objeto, un peluche, un adorno o un regalo.

Pero si hay una forma especial que me gusta para terminar los bordados son los tambores.

No sé qué tienen. Me encantan.

Y hay algo especialmente bonito en convertirlos en adornos de Navidad. Pueden transformarse en un ritual: cada año terminar uno nuevo y dejarlo en el arbolito.

O puedes demorarte bastante más y regalar una bota de Navidad para que uno de tus seres queridos la atesore.

Porque cuando regalamos un bordado no estamos entregando solamente hilo y tela.

Estamos entregando también el tiempo que vivimos mientras lo hacíamos.

Los bordados terminados tienen ese algo especial. Es el tiempo que transcurrió, la vida que dejaste en ellos y tu alma que eligió, abrió camino al hacer y llegó al punto final al dar.

Y entonces ese pequeño pedazo de ti queda allí, en el lugar para el que fue creado, observando cómo continúa el resto de tu historia.

¿Sólo avanzamos dejando huellas de hilo?

¿Por qué bordamos o sólo avanzamos en el tiempo dejando huellas de hilo?

Quizás hacemos un poco de ambas cosas.

No todo el mundo está dispuesto a pasar horas y horas frente a una tela haciendo aparecer un mundo por medio de ese pequeño imán a la vida llamado aguja.

La calma y la templanza son un deporte olímpico en el cual tú que bordas y yo que bordo somos, cada una en su propio mundo, campeonas mundiales cada vez que terminamos uno.

Y si ha sido largo el transcurso de ese nacimiento y final, una se siente como huérfana de ese bordado.

Lo deseamos terminado durante tanto tiempo y, cuando finalmente ocurre, algo nos falta.

Sin embargo, siempre llega otro que vuelve a hacernos suspirar. O muchos a la vez.

Y nos rendimos a la indulgencia, riendo y reconociéndonos otra vez.

Entonces volvemos a empezar.

Quizás no exista una sola respuesta a la pregunta de por qué bordamos punto de cruz.

Puede ser la calma. El silencio. Los colores. La paciencia. Los recuerdos. La satisfacción de ver aparecer una figura donde antes sólo había tela. Puede ser incluso aprender a equivocarnos y volver a intentarlo.

Otro caso, puede ser,  ese extraño momento en que la mente queda en blanco mientras la aguja continúa pasando una y otra vez, hasta que lentamente vuelven las ideas, aquello que tenemos que hacer o simplemente algo que nos levanta el ánimo.

Puede ser que, sin darnos cuenta, mientras hacemos cruces estemos también registrando estaciones, personas, acontecimientos y versiones de nosotras mismas.

Y quizás por eso, cuando finalmente tenemos que dejar el bastidor, casi siempre nos quedan ganas de seguir.

El hilo es así, nos llama.

 Casitas bordadas en punto de cruz para celebrar el Día Mundial del Punto de Cruz 2026. Cross stitch houses celebrating World Cross Stitch Day 2026.

Feliz Día Mundial del Punto de Cruz 2026. 

Geny.

Si quieres leer otros años del día mundial del punto de Cruz:

¡Feliz Día Mundial del Punto de Cruz!

 

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