Lo que aprendemos creando con papá

Los hobbies se heredan pocas veces; las habilidades, muchas más de las que imaginamos.

by Geny

Hola! ¿Cómo están mis Quilters y Stitchers de mesa de comedor? ¿Han pensado alguna vez de dónde aparecieron sus habilidades para crear?

Los hobbies se heredan pocas veces; las habilidades, muchas más de las que imaginamos.

Cuando pensamos en las personas que influyeron en nuestras manualidades, solemos recordar a madres, abuelas, tías o profesoras. Tiene sentido: muchas de ellas fueron quienes nos enseñaron nuestras primeras puntadas, labores o proyectos creativos.

Sin embargo, al acercarse el Día del Padre, me encontré pensando en otra influencia menos evidente.

 creando con papa

Una sola linea rodeando las lineas del tren y bastó para crear una diferencia

Mi padre es profesor y desde hace muchos años es aficionado al ferromodelismo. Le gustan especialmente los trenes chilenos, esos que alguna vez recorrieron estaciones a lo largo del país y que muchas veces llegaron desde distintos lugares del mundo. Hoy, ya jubilado, tiene una maqueta permanente. Pero cuando yo era pequeña, el hobby se expresaba de otras formas: recopilando materiales, construyendo pequeños proyectos y dedicando horas a los detalles.

Recuerdo el cartón, el Agorex y las piezas diminutas. Cuando era muy pequeña, probablemente de tres o cuatro años, participaba más rayando donde encontraba espacio que ayudando realmente. Con el tiempo dejé de rayar y empecé a observar.

Lo curioso es que, de niña, los trenes en sí no eran lo que más me interesaba. Lo que me fascinaba era lo pequeñas que eran todas las cosas. Las miniaturas tenían algo especial. Cada detalle parecía importante y cada pieza tenía un propósito.

Mirando hacia atrás, creo que en ese momento pensaba que estaba observando un hobby. Hoy entiendo que estaba aprendiendo una forma de mirar el mundo.

Mucho más que un hobby

Mi padre siempre tuvo alma de profesor, incluso fuera de la sala de clases. Me enseñaba, explicaba y repetía las cosas las veces que fueran necesarias. A veces incluso buscaba formas creativas de hacerlo. Recuerdo una ocasión en que olvidé hacer una tarea y apareció un misterioso duende dejando mensajes en mi pizarra para recordármela. Como me encantaban las criaturas fantásticas, la estrategia funcionó perfectamente.

Muchas de las habilidades que hoy utilizo comenzaron con actividades que parecían muy simples.

Me regalaba libros para colorear y me enseñaba distintas técnicas para pintar. Todavía recuerdo un libro de los Cariñositos que desapareció hace muchos años. Al principio yo quería terminar rápido; con el tiempo quería hacerlo bien. Sin darme cuenta, estaba aprendiendo precisión, paciencia y atención por los detalles.

También me enseñó a dibujar, a calcar imágenes y a cuidar la escritura para que fuera legible. Cuando era pequeña, si me preguntaban de qué color era algo, muchas veces respondía simplemente “multicolor”. Me encantaban los arcoíris y veía una mezcla de tonos por todas partes. Él me enseñó a identificar cada color por separado, a observarlos uno a uno y a descubrir que cada uno tenía su propio nombre.

En ese momento yo pensaba que estaba aprendiendo a colorear. Hoy entiendo que estaba aprendiendo a observar.

Porque aprender no siempre consiste en adquirir conocimientos nuevos. A veces consiste, simplemente, en aprender a mirar con más atención.

Las habilidades que permanecen

Con los años encontré mis propias aficiones creativas. El patchwork, el quilting, el English Paper Piecing y el punto de cruz llegaron a mi vida principalmente gracias a mi madre, mis abuelas y mis tías.

Sin embargo, muchas de las habilidades que utilizo cada vez que comienzo un proyecto creativo venían de mucho antes.

La motricidad fina es probablemente el mejor ejemplo. Recuerdo ejercicios de coloreado donde había que trabajar con pequeños puntos y mantener el control de la mano. En aquel momento no siempre me gustaba. Hubo más de una discusión por querer terminar rápido cuando la verdadera lección era detenerse, observar y tener paciencia.

Hoy, cuando corto piezas para EPP, cuando trabajo con papel, cuando utilizo las tijeras con precisión o cuando un diseño comienza primero en un dibujo antes de convertirse en una labor, sigo utilizando esas mismas habilidades.

Lo mismo ocurre cuando aparece un error. Antes de corregir una costura o modificar un diseño, primero observo. Intento entender qué ocurrió antes de buscar una solución. Es una forma de trabajar que, sin darme cuenta, aprendí muchos años antes de descubrir el quilting.

Incluso otras aficiones importantes de mi vida nacieron de la mano de mi padre. Él me enseñó a entender el fútbol, a disfrutarlo, a aceptar las derrotas y a celebrar las victorias. Hasta hoy compartimos los mismos equipos, aunque en distinto orden. Son recuerdos diferentes, pero todos tienen algo en común: detrás de cada uno había una habilidad que permaneció conmigo.

escritorio de madera con mat de corte y cosas de costura y maquetería.

El escritorio de mi papá.

Con el tiempo entendí que no heredé el hobby de los trenes. Encontré mis propios caminos creativos. Pero sí heredé muchas de las habilidades que hoy forman parte de mi manera de crear.

Quizás por eso este Día del Padre sea una buena oportunidad para preguntarnos qué habilidades nos dejaron las personas que nos criaron. Tal vez fueron la paciencia, la observación, la creatividad, la capacidad de resolver problemas o la confianza para intentar algo nuevo.

Es posible que esas enseñanzas aparezcan hoy donde menos lo esperamos: en una costura, en un dibujo, en un proyecto creativo, en un partido de fútbol o en cualquier actividad que hacemos con nuestras manos.

Porque muchas veces las lecciones más duraderas no son las que alguien se propuso enseñarnos. Son aquellas que aprendimos sin darnos cuenta, mientras observábamos a una persona hacer con pasión aquello que amaba.

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