Hay libros de patchwork que compramos por sus proyectos, otros por sus técnicas y algunos que, sin darnos cuenta, terminan cambiando pequeñas cosas en nuestra manera de coser. Scrappiness Is Happiness, de Lori Holt, fue uno de esos libros para mí.
Lo descubrí en 2022, a través de un trunk show realizado desde la propia casa de Lori, y fue amor a primera vista. Siempre me han gustado sus telas, sus combinaciones de colores y esa capacidad que tiene de reunir muchos estampados diferentes y conseguir que, de alguna manera, todos conversen entre sí.

El top está terminado. El backing perfecto y el acolchado… todavía están esperando su turno. 😆
Ese mismo año les conté sobre el libro en el blog, cuando recién comenzaba a trabajar en su sampler y a probar algunas de las ideas que Lori propone para organizar los retazos. Han pasado cuatro años desde entonces y, aunque el sampler logró convertirse en un enorme top que todavía espera pacientemente su backing y su turno para ser acolchado —cosas de maker—, hubo algo de aquel proyecto que sí se quedó definitivamente conmigo: una nueva manera de mirar mis retazos.
Los inconvenientes prácticos
Porque había además un pequeño inconveniente práctico. Conseguir en Chile las colecciones de Lori Holt, y ni hablar de uno de sus kits, puede convertirse fácilmente en una inversión astronómica. Así que decidí hacer lo que hacemos tantas veces quienes llevamos años entre telas: mirar primero lo que ya tenía.
Mi desafío fue intentar acercarme a esos colores y combinaciones que tanto me habían gustado utilizando mis propias telas y sumando, de vez en cuando, alguna encontrada en la ya extinta Telas por Kilo de calle Bandera, en ese Santiago Centro de telas, cordonerías y tiendas de manualidades que tantas veces recorrimos buscando justo esa tela que nos faltaba.

Telas por Kilo
Y no era solamente un problema de conseguir telas. También estaba el desafío de combinar lo que ya tenía. Cuando llevamos años haciendo patchwork, inevitablemente acumulamos telas de distintas épocas: colores y estampados que alguna vez estuvieron de moda y que hoy quizá no elegiríamos de la misma manera. ¿Cómo llevar esas telas hacia una paleta como la de Lori Holt —o la de cualquier diseñadora que nos inspire— sin tener que empezar nuevamente nuestro stash desde cero? Para mí, esa terminó siendo una de las partes más interesantes del ejercicio.
Sin darme cuenta, mientras buscaba cómo conseguir el aspecto scrappy de Lori sin tener necesariamente sus colecciones, estaba empezando a construir mi propio scrappy stash.
El método de Lori Holt que adopté
Una de las cosas que más me gustó de Scrappiness Is Happiness fue descubrir que para Lori Holt los retazos no son simplemente esas telas que sobran después de terminar un proyecto. Son parte de un stash pensado para volver a utilizarse.
En el libro cuenta que, como muchas quilters, durante años guardó sus sobrantes en bolsas y cajas. El problema llegó cuando necesitaba una tela determinada: encontrar aquel pedacito rojo que sabía que tenía en alguna parte podía tomarle más tiempo que cortar y coser el bloque. Su solución fue comenzar a organizar esos sobrantes para que estuvieran realmente disponibles cuando quisiera utilizarlos.

El método de Lori funciona…y no tienes que aplicarlo solamente en quilts de la autora: sirve para cualquier quilt.
Su sistema parte conservando las piezas más grandes organizadas por colores y continúa con una selección de tamaños que utiliza habitualmente para hacer patchwork. Para sus scraps más pequeños, Lori propone 1½», 2½», 3½», 5″ y 7″, reuniendo en cada tamaño telas de distintos colores y estampados.
Pero después de cuatro años siguiendo esta idea descubrí algo importante: no necesitaba reproducir exactamente el sistema de Lori para que funcionara para mí.
Telas madre, tiras y cuadrados
Mi organización terminó reducida a tres categorías muy sencillas: telas madre, tiras y cuadrados.
Los metros de tela, o telas madres…para mi
Las telas madre las conservo en cajas organizadas por familias de colores. Voy desde blancos y rojos hasta verdes y azules, calipsos y verdes agua, cafés y negros. Son las telas a las que puedo volver cuando necesito cortar algo específicamente para un proyecto.

Mis telas madre se organizan por familias de colores para que sea más fácil volver a ellas cuando necesito incorporar una tela a un proyecto.
Después están las tiras, que también organizo según su ancho. Antes de dar un retazo por perdido, veo si todavía puedo obtener de él una tira aprovechable y la guardo junto a las de su misma medida. Así, cuando necesito una tira para un proyecto, no tengo que comenzar revolviendo retazos y midiendo uno por uno: puedo ir directamente al ancho que necesito.

Las tiras se organizan por ancho y los cuadrados por medida: así los scraps están realmente disponibles cuando los necesito.
El mundo a cuadritos
Finalmente están mis cuadrados, que es probablemente la parte del método de Lori que más adapté a mi manera de trabajar.
Conservo cuadrados de 1½», 2″, 2½», 3″ y 3½». Los de 2″ y 3″ fueron una incorporación mía y nacieron de algo muy sencillo que me encontraba constantemente al cortar mis retazos. Por ejemplo, si intentaba obtener un cuadrado de 2½» y la tela no alcanzaba, ¿por qué iba a pasar directamente a cortar uno de 1½» si todavía podía obtener uno de 2″? Mi idea es siempre sacar el mayor rendimiento posible de cada pedazo de tela, así que fui incorporando esas medidas intermedias.

Los cuadrados de 1½» y 2½» son los que más utilizo, por eso viven en mis queridos frascos tipo dulcería.
Los cuadrados de 1½» y 2½», que son los que más utilizo, viven en mis queridos frascos tipo dulcería, donde puedo verlos y sacar alguno rápidamente. Los demás están organizados por medida en bolsas ziplock dentro de una caja.
Eso sí, también aprendí a poner un límite. Menos de 1½» no guardo. Ni siquiera para los pin-cuchitos.
Porque aprovechar los retazos no significa cortarlos inmediatamente en la medida más pequeña que guardamos. Al contrario: si de un pedazo puedo obtener un cuadrado de 3″, no voy a convertirlo en uno de 2″; y si puedo obtener uno de 2″, no lo cortaré a 1½». Siempre intento conservar la pieza útil más grande que ese retazo me permita. Si algún proyecto necesita algo más pequeño, ya habrá tiempo de cortarlo.
Bueno… no los guardo como cuadrados. Ese verdadero “molido” que queda después de cortar tiene otro destino: lo voy guardando para utilizarlo como relleno de mis pin-cuchitos. Digamos que son sus órganos vitales. Al final, hasta los pedacitos que ya no sirven para seguir haciendo patchwork encuentran dónde terminar.

Hasta el “molido” tiene destino: termina convertido en los órganos vitales de mis pin-cuchitos. 😂
Cuatro años después, ¿funciona?
Sí. Sigue funcionando y no he cambiado el sistema.
Han pasado cuatro años desde que comencé a organizar mis retazos de esta manera y sigo utilizando las mismas telas madre, tiras y cuadrados. Naturalmente, unas medidas se mueven más que otras y los frascos se llenan y se vacían, pero la lógica continúa siendo la misma.
Y también terminé aquel sampler de Scrappiness Is Happiness con el que comenzó toda esta historia. Bueno… terminé el top. El quilt todavía no. Como buena maker, tengo perfectamente dominado ese misterioso espacio de tiempo que existe entre terminar un top y convertirlo finalmente en un quilt. 😂
En mi defensa, sigo esperando encontrar el backing perfecto. Es un top enorme y, después de todo el trabajo y todas las telas que fueron entrando en él, no quiero ponerle cualquier cosa detrás solamente para poder decir que está terminado. Cuando aparezca la tela indicada, llegará también su turno de ser acolchado… siempre y cuando logremos resolver el pequeño detalle de hacerlo caber en mi máquina de coser.

Cuatro años después, el sampler de Scrappiness Is Happiness llegó a convertirse en este enorme top. Ahora falta encontrar el backing perfecto… y conseguir acolcharlo en mi máquina.
Pero quizá la mejor prueba de que el sistema funciona no sea ese sampler, sino que mis retazos han seguido encontrando proyectos mucho después de terminarlo.
Hoy esos cuadrados y tiras siguen apareciendo en mis mini quilts para la Wall of Quilts. Tienen reservado parte de su futuro: este verano quiero utilizarlos para hacer nuevas bolsas de proyecto para mis bordados. Cada una con un bloque de Lori Holt que represente su temática o estación. Porque después de cuatro años creo que eso es lo que más me gusta de este sistema: nunca sé exactamente dónde terminará cada pedacito.

Parte de mi Wall of Quilts: mini quilts realizados principalmente con patrones de Camille Roskelley y, a la derecha, mi mini quilt de la bandera chilena, diseño propio.
Los retazos no esperan un proyecto: esperan su proyecto.
