Hola! ¿Cómo están mis Quilters y Stitchers de mesa de comedor? Ya es el último fin de semana de Febrero…El verano se va, y conmigo deja ese conjunto de aromas que sólo esta estación sabe traer: el olor a cloro de piscina, a albahaca fresca, a humitas y tomate recién cortado. También el aroma a tela nueva, a libro abierto y a patrón recién impreso. Los olores, más que las imágenes, son mi memoria de estos meses de calor y creación. Cada fragancia guarda un instante de costura, un hilo que se cruzó, una idea que floreció entre mis manos.

Humitas
Los proyectos que dieron forma a mi verano
Este verano me trajo proyectos que parecían imposibles y terminaron volviéndose realidad. El Blessed Needle fue uno de ellos: un bordado que no creí terminar antes del 31 de enero, pero que finalmente se dio. Y no sólo eso: durante la primera semana de febrero ya lo tenía completamente armado. Verlo listo fue sentir que esa visión que tuve al comenzar el año se había cumplido.

Y la versión final del Blessed Needle entre toda mi albahaca.
Entre mis manualidades de verano también hubo una alegría especial: mi primer bordado de cobertura total de este año, una gata llamada “Maullido Mágico”, trabajada sobre tela de símbolos estampados. Cada puntada fue una mezcla de paciencia y felicidad. Es un proyecto que me recuerda que siempre hay algo nuevo por descubrir, incluso en técnicas que creo conocer bien.
Un verano guiado por la luz
Si tuviera que describir el clima emocional de mis creaciones, diría que fue luminoso. El sol me acompañó en cada puntada, llenando el taller de claridad y energía. La luz del verano se reflejó en las celebraciones, los hilos, en las telas y en esa sensación de gratitud que nace cuando uno crea sin apuro, disfrutando tanto el proceso como el resultado.

Gracias, Dios, por cada día radiante y por cada momento de inspiración.
Aprendizajes entre hilos y pausas
Este verano me recordó que la organización es una aliada silenciosa. Cuando me doy el tiempo, puedo bordar, coser y disfrutar de cada etapa sin prisa. La paciencia se vuelve parte del ritmo, y el calendario deja de ser una carrera para transformarse en una herramienta amable.

La terraza ha sido el centro de operaciones durante todo el verano.
Ese aprendizaje me acompañará en los meses que vienen, cuando el clima cambie y el taller empiece a teñirse de tonos otoñales.
Hasta que vuelva el verano
Las manualidades de verano no terminan del todo: permanecen en los retazos, en los colores que aún brillan sobre la mesa, en los proyectos que esperan su turno.

Tengo el canva listo para seguir con las Aplicaciones
Y si el verano pudiera escucharme, sólo le diría:
“Vuelve lo más pronto posible.”

